Economía

La odisea de Supermercados Dia

La odisea de Supermercados Dia

Mikhail Fridman, el máximo accionista de Supermercados Dia, en las oficinas de LetteOne.

Mikhail Fridman, el máximo accionista de Supermercados Dia, en las oficinas de LetteOne.

Desde diciembre de 2018, momento en el que anunciamos su salida del IBEX 35, la empresa Dia ha vivido toda una odisea para afrontar sus problemas de financiación. Sin embargo, los acontecimientos que marcan el devenir de esta historia vienen de lejos. A día de hoy, después de una bajada a los infiernos y una OPA de manual, los Supermercados Dia afrontan no sin miedo un futuro incierto, marcado por los recortes y una reestructuración que se espera que aporte beneficios en 5 años. 

Los grandes protagonistas de esta historia son LetterOne, la sociedad rusa de inversión; Mikhail Fridman, su fundador; la banca española y la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

 

La caída de Dia y los planes de Fridman

 

LetterOne y Mikhail Fridman entraron en juego el julio de 2017 con la compra del 10% de las acciones de Supermercados Dia, pero no fue hasta el enero de 2018 que aumentó su presión sobre la compañía con la adquisición del 25%. A partir de este momento, Fridman inicia una guerra con el equipo directivo de la compañía con un cruce de acusaciones sobre las causas de los malos resultados de Dia. Los cambios en el equipo directivo fueron constantes, hasta el punto de que en noviembre de ese año, tal y como anunciaba el portal elEconomista.esDia despedía a su director financiero, Armando Sánchez Falcón, por irregularidades en la contabilidad.

 

Con la reputación por los suelos, Dia pasó un calvario de tres meses encajando una mala noticia tras otra, sobre todo en bolsa. A lo largo del año 2018, las acciones de Dia perdieron el 61,8% de su valor, dadas las pésimas ventas y la desesperada situación financiera de la empresa. Por si fuera poco, la cúpula de accionistas y Fridman no se ponían de acuerdo en cómo afrontar la situación. Los primeros apostaban por una ampliación de capital para financiar la deuda, mientras que Fridman buscaba negociar una quita para reinvertir en la empresa.

 

La cadena de distribución cerró en 2018 el peor año de su historia con unas pérdidas que superaron los 352 millones de euros.

 

Ya en diciembre, con una auditoría externa llevada a cabo por KPMG, se confirman las sospechas de más irregularidades, mostrando prácticas como las de eludir controles internos llevadas a cabo por determinados empleados y altos directivos de España y Brasil. Dicha auditoría es enviada a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), entrando así en escena. Fridman, como contrapartida, envía una carta pidiendo la dimisión de tres miembros del órgano de gobierno de la compañía, a los que acusa de ser los responsables de la situación financiera.

 

A finales de 2018 la cosa no fue mejor. Sólo en la última semana de diciembre su cotización cayó otro 30%, mientras que las principales agencias de calificación rebajan una y otra vez la nota de la cadena de supermercados. Entre rumores de una OPA por parte de LetterOne, Dia cerró in extremis un acuerdo con la banca acreedora pocas horas antes del cierre anual de la bolsa; un acuerdo de 896 millones de euros para pagar a sus proveedores y gestionar su actividad. Dicho acuerdo se suma a sus dos créditos sindicados por valor de 525 millones de euros cada uno, y a la devolución de bonos por valor de 900 millones de euros.

 

Fridman mueve ficha

 

El 5 de febrero de 2019, LetterOne, confirmaba a la CNMV que lanzaba una OPA sobre el 100% de Dia con la intención de comprar cada acción sólo por 0,67 euros. Con esa oferta, Fridman valoraba a la compañía en 417 millones de euros. Cuando Dia salió a bolsa en el año 2011, la empresa estaba valorada en más de 2.300 millones de euros.

 

En abril de 2019, sólo el pasivo bruto que se debe a los bancos ya es superior a los 1.600 millones de euros. 

 

Tras el anuncio el mismo mes de más de 2.000 despidos y la confirmación de que sólo el pasivo bruto que se debe a los bancos ya es superior a los 1.600 millones de euros, la empresa cae otro 5% en bolsa. Es en ese momento que la dirección advierte a los accionista de que si la OPA de Fridman no prospera la empresa corre el riesgo de quebrar: Fridman había ganado la batalla contra el equipo directivo. Ahora faltaba convencer al resto de accionistas de la compañía, que acusaban a LetterOne de querer comprar la empresa a precio de ganga.

 

Llegado este punto, el objetivo de Fridman era comprar sólo el 21% de la compañía que, sumado al 29% que ya controlaba, le otorgaría un 50% de las acciones. En tal caso incumpliría una de las condiciones que le permitían hacer una oferta que no fuera obligatoria, lo que le permitía lanzarse un precio inferior al equitativo. La única manera de que LetterOne pudiera optar sólo al 21% de la compañía era que la CNMV aceptara Dia estaba sufriendo serias dificultades financieras.  

 

El grupo Dia cerró el primer trimestre de 2019 con 144,4 millones de euros de pérdidas, nueve veces más que en el mismo período del año anterior.

 

Sin embargo, el plan de Fridman no fue necesario. El 26 de abril de 2019, la cadena adelantó los resultados del primer trimestre siendo éstos catastróficos. El grupo Dia cerró el primer trimestre de 2019 con 144,4 millones de euros de pérdidas, nueve veces más que en el mismo período del año anterior. El 6 de mayo saltaba la noticia en el diario Expansión de que LetterOne solicitaba a la CNMV modificar las condiciones de su OPA, debido a que la compañía se encontraba de forma demostrable en serias dificultades financieras, resultando que el precio de 0,67 euros por acción era ahora equitativo.

 

El 17 de mayo de 2019, se confirmaba que la CNMV daba un paso atrás al permitir a Mikhail Fridman alcanzar el control del 70% del capital de Dia al aceptar el precio ofertado como equitativo. Con tal de mantener los puestos de trabajo de 40.000 empleados de la compañía, la CNMV accedió a las condiciones de LetterOne, que prometía un aumento de capital de 600 millones de euros para salvar la empresa.

 

Pulso contra la banca

 

Concluida la batalla contra la directiva de Dia, la cúpula de accionistas y la Comisión Nacional del Mercado de Valores ya sólo quedaba un frente abierto: cómo iba la empresa a afrontar sus deudas. A Fridman le tocaba conseguir los 600 millones de euros que se comprometió a aportar para la ampliación de capital a la vez que el calendario se le echaba encima: el plazo para negociar el acuerdo de financiación con la banca terminaba  en junio de 2019 mientras que 400 millones en bonos vencían sólo un mes más tarde.

 

El principal miedo de Fridman era ver su ampliación destinada a subsanar los problemas financieros de la empresa, cuando su objetivo era destinarlos a sus planes de reconversión empresarial. Por eso buscó rebajar la aportación que había prometido a 500 millones y renegociar una nueva línea de liquidez de 380 millones que se sumaría a la ya solicitada en diciembre del año anterior.

 

El principal miedo de Fridman era ver su ampliación destinada a subsanar los problemas financieros de la empresa, cuando su objetivo era destinarlos a sus planes de reconversión empresarial.

 

Ante la negativa de la banca, en especial del Santander, el principal acreedor de la compañía, Fridman decide plantarse, asegurando que sin esa nueva financiación no iba a aportar la ampliación necesaria para reflotar la empresa. Tras un mes de negociaciones y a tres días de vencimiento del preacuerdo, el País anunciaba cómo la banca cedía a las demandas de Mikhail Fridman a cambio de que la empresa recibiera la ampliación de capital a la que se había comprometido.

 

La banca firmó un pacto que incluía aplazar la deuda hasta 2023 y la nueva línea de liquidez de 380 millones que tanto ansiaba Fridman para poder seguir operando. Además, Fridman consiguió que todo el dinero que obtuviese la compañía de LetterOne o de la venta de activos no tuviera que destinarse a la amortización de ninguna deuda. A cambio, los bancos lograron que Dia creara una filial donde agrupar sus tiendas más rentables para ser así titulares de sus deudas.

 

El futuro de Dia

 

En cuanto se cerró el acuerdo de financiación de Dia, el 25 de junio de 2019, las acciones de la compañía se dispararon en Bolsa, llegando a superar el 24,7%, aunque al final de la sesión cerró con una apreciación del 7,67%. Esto demostraba que aún hay esperanzas para la compañía, que afronta el gran reto de reconvertirse al modelo de supermercado ideado por el grupo X5 Retail, propiedad de Mikhail Fridman, que presentaron una facturación de 23.500 millones de dólares en 2018.

 

No obstante, para llevar a cabo sus planes, LetterOne tiene previsto reestructurar la empresa para hacerla más competitiva con unos cambios que no se han hecho esperar.  Alimarket nos contaba el 7 de julio las acciones de reestructuración de la empresa con el cierre de 297 tiendas sólo en el primer trimestre,  un expediente de regulación de empleo que acaba con 1.604 puestos de trabajo y la venta de Clarel y Max Descuento, que se a día de hoy aún se encuentran paralizadas por la falta de compradores. Al fin y al cabo, la compañía aún tiene serios problemas de deuda. De esta manera, Dia confirmó que el 22 de julio hará frente a las obligaciones financieras por el vencimiento de una emisión de bonos por 307 millones. Mientras que LetterOne asegura que toda la red de la compañía se encuentra bajo revisión con el objetivo de ejecutar otro plan de cierres y venta de tiendas que permita rentabilizar el negocio.

 

En cuanto se cerró el acuerdo de financiación de Dia, las acciones de la compañía se dispararon en Bolsa, llegando a superar el 24,7%.

 

De hecho, según el Plan de Transformación que presentó LetterOne a la junta de accionistas de mazo, se muestra como una de las claves para mejorar la estructura de costes de la compañía es la de poner especial atención al “estado de los activos inmobiliarios”, así como a “la gestión activa de las ubicaciones de las tiendas”. Dicho de otra manera, la intención de Mikhail Fridman es la de aplicar a la compañía un exhaustivo programa de reformas que no ha hecho más que empezar.